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Educar y formar

POR: Gilberto Nieto Aguilar

Entre las principales finalidades de educar, está la formación de todos los ciudadanos y ciudadanas para que sean capaces  de dar respuesta a los problemas que les planteará la vida, formen parte de una sociedad armoniosa y sean personas útiles a ellos mismos, a su familia y a la comunidad de la que forman parte. Entre los desafíos actuales, está educar para que la futura ciudadanía progrese hacia los ideales de paz, libertad, equidad y justicia social. 

Los cambios que se están produciendo en el mundo, como el uso dependiente de la tecnología y la inteligencia artificial, la globalización y mundialización del mercado de trabajo, la robotización en las empresas, la universalización de los valores en una lucha invisible por prevalecer por sobre los que se derivan de las tradiciones y costumbres regionales, están provocando inseguridad e indefiniciones en las expectativas humanas, profesionales y de trabajo. 

La queja común que se escucha en las instituciones educativas en los últimos dos años, versa sobre los principios de los artículos 3º y 4º constitucionales, los cuales apuntan hacia el desarrollo armónico y la protección integral de niñas, niños y adolescentes. Pero alegan que la realidad escolar choca con protocolos inflexibles que privilegian enfoques punitivos y procedimentales que obstaculizan severamente la implementación de procesos de mediación escolar y prácticas restaurativas, despojando a los educadores de su autoridad moral e impidiendo que los conflictos en el aula se transformen en verdaderas oportunidades de aprendizaje humano. 

El peso de formar a un individuo no puede recaer exclusivamente en las instituciones, en leyes frías o en una escuela desbordada. Es urgente recuperar la perspectiva del tejido social, pues como dicta la sabiduría milenaria: para educar a un niño se necesita la cooperación de toda la comunidad. Esto, unido a la idea de que las personas son seres humanos maravillosos, con un gran potencial, que necesitan, éticamente, encontrar un sentido para sus vidas. Si el hogar y la escuela no pueden ayudar, ¿quién podrá ayudarles a encontrar ese sentido a sus vidas?

No lo decimos desde el punto de vista de una religión. Simplemente es sentido común que la educación siempre ha tenido una razón de ser tanto en el hogar como en la escuela, y ambas son complementarias. Pero, ¿cuál es para el ciudadano común, para el padre, la madre, el docente, esa razón o esa finalidad? Las tendencias educativas de 2026 apuntan a una educación más flexible y humana, centrada en el aprendizaje continuo de algoritmos tecnológicos. 

De las finalidades educativas expresadas, se intuye la necesidad de formar a la niñez y juventud en una serie de conocimientos, habilidades y valores para que sepan resolver los problemas que enfrentarán en la vida diaria, con un pensamiento flexible, plural, adaptable, que resuelva críticamente, que analicen lo nuevo dentro la problemática que perciben.

La educación atraviesa por una transformación profunda. En este 2026, los sistemas educativos avanzarán hacia modelos de aprendizaje impulsados aún más por la tecnología, el desarrollo de habilidades humanas y el cuidado de la salud mental. El aprendizaje a lo largo de la vida, la formación con validez laboral e internacional, la adopción analítica y ética de la inteligencia artificial, el aprendizaje de idiomas, la complejidad de interpretar el desarrollo tecnológico con el respeto y cuidado de la naturaleza, aprender haciendo para fortalecer habilidades, cultivar la memoria a largo plazo, memorizar procesos y menos datos, y una profunda revalorización de los entornos escolares y de la profesión docente. El reto no es fácil. Aunque debiera ser preocupación de todos, son más los elementos que tienden a disgregar y atomizar el sentido de educar y formar a la niñez. 

gnietoa@hotmail.com