El día de la masonería mexicana

Por Wenceslao Vargas Márquez*

La masonería celebra su día cada 15 de enero porque en esa fecha de 1847, ingresó a las logias Benito Juárez. Oficialmente Juárez ingresó en ese enero aunque historiadores serios han hallado testimonios de que había ingresado muchos años antes al Rito Yorkino hacia 1833-34, pero ese no es el tema hoy porque, además, el punto lo hemos discutido a detalle en nuestro libro La masonería en la presidencia de México.

Lo importante es la celebración del día oficial de la masonería y hacer un balance acerca de lo que esta organización significa hoy. ¿Algo qué festejar en el día mexicano de la masonería? Respondemos que nada y apuntaremos a vuelapluma, como ahora se acostumbra decir, dos áreas de oportunidad.

La primera es el tema de las divisiones internas y las descalificaciones basadas en un sinsentido al que algunos llaman la “regularidad”, sólo que esa “regularidad” no hay quien la pueda definir, definirla hasta el extremo de construir una definición verdaderamente unívoca. Todos hemos leído, antes de que las prepas fueran destruidas, los Diálogos de Platón, pues así, con ese formato, merece ser tratada la “regularidad” y nadie ha podido hacerlo. Propongo como título Critias o la regularidad. La “regularidad” es una palabra que sólo ha servido para la descalificación.

La más simple (simplista) de esas definiciones la ofrecen algunos diciendo que la “regularidad” se demuestra probando una continuidad histórica, sin interrupciones, o como se dice elegantemente ‘sin solución de continuidad’, sin cortes, nada menos (pero nada más) que desde la fundación de la Gran Logia de Inglaterra en 1717 hasta la fundación de logia fulana, en tal lugar, probada por escrito mediante una carta patente enmarcada, penosamente equivalente de la medallita metálica del pedigrí. No hay quien pueda hacer esa demostración de pureza de sangre.

No hay quien pueda hacer la demostración porque en tres siglos de historia se han dado cualquier cantidad de rupturas y alianzas que hacen prácticamente imposible seguir el hilo continuo de la “regularidad”. Pues esta “regularidad” es la primera fuente de descalificaciones, agresiones y divisiones entre logias. Otros, modestos, piden demostrar esa continuidad ‘únicamente’ desde 1826 para el Rito Nacional Mexicano, o desde 1860 o 1865 para el Rito Escocés Antiguo y Aceptado. Claramente es imposible, incluso, para fundamentar la “regularidad” de una logia en los últimos diez o quince años: que lo digan algunas logias masónicas de Xalapa.

¿Quién se queda con la “regularidad” cuando hay pleito y se genera una división? ¿Quién se queda con la regularidad cuando se expulsa al fundador de una logia? Las fracciones alegan haberse quedado con la “regularidad” porque tienen materialmente en su poder el ejemplar físico de la carta patente enmarcada y con protección de cristal, pero eso no prueba nada. Un ejemplo nacional de violencia fraterna lo puede obtener el lector en el enlace bit.ly/2mu3lZB y es del año 1998 involucrando al “expulsado” líder nacional Sifri; otro puede hallarlo el lector en un desplegado nacional de La Jornada fechado el 17 de febrero de 2017, donde un dirigente nacional, Jiménez, se defiende de una expulsión y dice “desenmascarar” a un Castañeda, a un Trejo, a un Arcila, etc., todos “traidores” y “expulsados” desde la versión recíproca de Jiménez. Al desplegado lo sella el emblema del Supremo Consejo de México del Rito escocés.

Un ejemplo xalapeño de esto mismo es de 2013 y en él se lee la “expulsión” del líder masónico Jaramillo y está visible en bit.ly/2r78UlY; hay otro ejemplo xalapeño de 2017 que partió en dos a una gran logia local bit.ly/2mB1uTw, y así todos los años, todos los sexenios, con todos los pleitos en público y en la prensa. ¿Cómo seguir así el hilo de la “regularidad”? Hay quien da a entender que la “regularidad” se logra o se prueba si el 21 de marzo, fecha de nacimiento del Benemérito, el gobernador en turno se halla presente en la ceremonia de “mi logia” o de “mi gran logia”. La foto, que de inmediato irá a parar al muro azul será la muestra de “regularidad” durante el sexenio.

La segunda área que planteamos como de oportunidad es la desgracia de las redes sociales en torno a una organización que se define en la actualidad como discreta. Era secreta, ahora dicen que es discreta; la cualidad se degrada a petición de parte. Las redes sociales, la de los muros azules en primer  lugar, está llena de tal cantidad de despropósitos que ningún masón podría mostrar siempre que haya entendido las bases elementales de lo que significa la discreción donde corresponde la discreción, y la secrecía donde corresponde la secrecía. Un desastre total validado todos los días y que ya no tendrá freno. Hay masones que no se sienten masones sino exhiben su figura de cuerpo entero, con atuendos masónicos (collarines, mandiles, bandas) en su propio muro azul, incluyendo simbología secreta.

Nada hay qué festejar en este 15 de enero, día de la masonería mexicana. Desorganizada, sin líderes, saqueada, dividida, arrollada por el neoliberalismo (lo mismo que arrolló al sindicalismo), la masonería mexicana desapareció también de un espacio histórico que fue suyo (totalmente en el siglo XIX, parcialmente en el XX): el espacio de las decisiones políticas. En el siglo XXI eso también se acabó. ¿Disputa hoy la masonería el rumbo del país con alguna idea propia o prestada? No. Hoy disputa sólo la “regularidad” para descalificar o expulsar al de enfrente y, de vez en cuando, disputa algún terreno o algún estacionamiento o algún edificio intestado. Hoy lo que queda es estudiarla (nos hemos ocupado) a como se estudia el feudalismo para comprender el Renacimiento o a como se estudia el derecho romano para entender el derecho occidental.

Hay quienes dicen que la masonería mexicana aún vive. Yo comparto la opinión: todavía vive en el sentido de que se le siente pulso, en el sentido de que todavía respira, de que si se le acerca a la nariz, logra empañar, no sin dificultad, algún pequeño espejo.

Twitter @WenceslaoXalapa

*Colaboración.

 

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