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Historiadora documenta la esencia del son huasteco, forjador de gran cohesión social

En el libro ‘El eslabón constante de la música: Son huasteco en Pahuatlán’, Brenda Lira Montero reconstruye la historia de este género en la primera mitad del siglo XX. Foto

En el libro ‘El eslabón constante de la música: Son huasteco en Pahuatlán’, Brenda Lira Montero reconstruye la historia de este género en la primera mitad del siglo XX. Foto Maria Luisa Severiano

Pahuatlán, enclavado entre las barrancas y los cafetales de la Sierra Norte de Puebla, es un baluarte del son huasteco. Ahí, cada Jueves Santo, tríos de huapangueros se reúnen para lanzar versos hasta el amanecer entre el sonido de violines y el repiqueteo del zapateado.

La esencia de esta tradición ha quedado documentada en el libro El eslabón constante de la música: Son huasteco en Pahuatlán, de Brenda Lira Montero, maestra en historia por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. El título es producto de un trabajo de investigación realizado entre 2019 y 2020.

“Puebla está ceñida a su identidad barroca colonial y ése es su elemento más visible, promocionado y lo que le da identidad. Pero también tenemos otras expresiones, como el son huasteco de Pahua-tlán, y es importante visibilizarlas”, afirmó.

En entrevista con La Jornada, la autora explicó que esta obra surgió a partir de su gusto por la música –estudió flauta transversal en alguna etapa de mi vida–, así como por una visita al pueblo mágico que la cautivó.

“Me encantó el sonido del violín, la participación de las bailarinas en la tarima y la alegría que ahí se produce. Fue a partir de esa visita que me decidí a estudiar ese vínculo entre música, alegría y comunidad”, agregó.

Durante el trabajo de campo, que incluyó una inmersión en la comunidad, sus fiestas y largas entrevistas con sus pobladores, fueron varios los hallazgos que le permitieron comprender cómo esta expresión se mantiene viva y cuál es su aportación a la comunidad.

Uno de sus descubrimientos fue la cohesión social que se produce a partir de los sones, incluso entre personas que ya no residen en Pahuatlán. Explicó que durante la festividad familiares de los lugareños, quienes por motivos de trabajo o estudio ahora viven en Tamaulipas, Veracruz, San Luis Potosí o Querétaro, regresan al pueblo.

“Pude observar los vínculos sociales tan fuertes que se forjan a partir de la música”, apuntó.

Otro elemento que surgió es cómo la música puede ser una manera de romper las barreras y vencer la desconfianza. “Yo preguntaba: ‘¿me puede contar más sobre cómo bailaba su abuela?’ Y ahí las personas sacaban las fotos del cajón y me compartían de una manera muy sensible y emocional las experiencias de sus antepasados”.

Para Lira Montero uno de los aspectos más relevantes durante la investigación fue el papel protagónico de las mujeres en la organización de los bailes, los versos y el zapateado. “En la ciudad de Puebla las mujeres tenían una participación muy distinta, más limitada, pero en relación con el son huasteco su presencia era más destacada”.

Fusión con sonidos nuevos

En El eslabón constante de la música: Son huasteco en Pahuatlán, organizado en una introducción, seis capítulos y las conclusiones de la autora, se reconstruye la historia del son huasteco de la primera mitad del siglo XX, periodo en el que el nacionalismo musical coincide con el auge de sonidos nuevos.

En medio de los sones tradicionales (por ejemplo, El caimán, La petenera y El gusto), se registra el auge de compositores nuevos, entre otros, Nicandro Castillo, Elpidio Ramírez y Valeriano Trejo, quienes crearon sones como El andariego, Rogaciano el huapanguero y El hidalguense.

El volumen también registra que si bien los versos o los temas de los sonetos se han mantenido a lo largo del tiempo, hay algunas variaciones en el humor o la picardía que se les imprime según la región. Otro aspecto interesante son los cambios que se han hecho en la ejecución de los instrumentos.

Las nuevas generaciones, advirtió Lira Montero, en lugar de la quinta huapanguera usan un bajo eléctrico. “He llegado a escuchar algunas fusiones, e incluso algo de jazz, pero siempre tratan de mantener la estructura base, lo que los une a sus raíces”.

Instrucción musical

Para que esta tradición se mantenga viva por más tiempo, los habitantes han señalado la importancia de contar con programas musicales. Hasta ahora los niños aprenden de forma empírica de sus familiares, pero para los pahuatecos una escuela de música sería ideal.

“Más que talleres esporádicos, ellos quieren una escuela de música que les permita una verdadera instrucción musical: de canto, de ejecución de instrumentos, pero también que se les permita ser incluidos en festivales y en eventos culturales”.

A Lira Montero le gustaría que cualquier persona que lea su libro se quede con la inquietud de conocer más sobre esta expresión de son huasteco que se ejecuta en la Sierra Norte de Puebla. “Ojalá pudieran sentir curiosidad por los violines, por la quinta huapanguera, la jarana y por la gente que está detrás de estos instrumentos”. LA JORNADA.