Editoriales rojas en México
El reciente cierre de Ediciones Era a mediados de agosto ha permitido que se reflexione sobre la relevancia que esta editorial tuvo para la política y cultura de izquierda en el México de las décadas de 1960, 1970 y aun posteriormente. Por su parte, el Fondo de Cultura Económica (FCE) cumplió 92 años de vida el pasado 3 de septiembre. Este contraste se explica en parte porque Era fue un proyecto “independiente” del Estado y de los monopolios internacionales de la industria editorial, y el FCE es una editorial estatal que se ha ido reconfigurando con la misma sociedad mexicana.
Sin embargo, ambas editoriales, a inicios de los años 60, eran canales de difusión de un pensamiento de izquierda, al menos durante el tiempo en que Arnaldo Orfila estaba al frente del FCE. A estas editoriales se sumó la creación de Siglo XXI Editores en 1965, a partir de la destitución de Orfila de la dirección del FCE por la publicación de Los hijos de Sánchez, de Oscar Lewis. Estas tres editoriales asociadas a la difusión de ideas de izquierda ya han sido objeto de estudios académicos que describen la configuración de su catálogo, las redes intelectuales que construyeron, su vínculo con la vida política de México, y sus bestsellers y autores más afamados.
No obstante, estas editoriales no fueron las únicas que ayudaron a configurar el espectro político de esa época, pues la agudización de la guerra fría en América Latina luego del triunfo de la Revolución Cubana, el desarrollo del movimiento estudiantil que tuvo su culmen en el 68, el surgimiento de movimientos guerrilleros y otras dimensiones de la confrontación entre el socialismo y el capitalismo también auspiciaron el surgimiento y crecimiento de otras editoriales de izquierda como Grijalbo y Nuestro Tiempo.
Si bien estas casas editoras coinciden en la orientación política de sus catálogos, también tuvieron marcadas diferencias. Por ejemplo, Era se orientó a la publicación de obras del marxismo heterodoxo en la colección El Hombre y su Tiempo, como Il Manifesto, de Rossana Rossanda, y textos del marxismo occidental, como las obras de Antonio Gramsci; además, creó la colección Problemas de México, por la que desfilaron plumas como la de Pablo González Casanova y Arnaldo Córdova.
Por su parte, Editorial Grijalbo, nacida en los años 50, publicó en buena medida textos del marxismo ortodoxo, incluidos los manuales soviéticos de filosofía, economía, historia; pero también obras de Marx y Engels que Editorial Progreso de la Unión Soviética no había difundido en español, por ejemplo, La dialéctica de la naturaleza, La Sagrada Familia, Los manuscritos de 1844; y en la colección 70 publicó obras de marxistas de diversas orientaciones, incluidos Stalin, Trotski, Rosa de Luxemburgo, entre otros; a esto se sumó el esfuerzo de publicación de las obras de György Lukács.
Por su parte, Editorial Nuestro Tiempo, impulsada por Alonso Aguilar Monteverde y otros intelectuales antes agrupados en el Círculo de Estudios Mexicanos y posteriormente reunidos en torno a la revista Estrategia, publicó obras del marxismo ortodoxo como los libros de filosofía de Maurice Cornforth, V. Kosolapov y Z. M. Orudzhev, y obras en defensa de la ortodoxia como La nueva izquierda, de Gil Green. A estas obras se suman otras de plumas mexicanas y latinoamericanas, incluidas dos obras de Eduardo Galeano, Guatemala, país ocupado (1967) y Violencia y enajenación (1971), además de los propios libros de economía de Alonso Aguilar y Para comprender la historia, de Juan Brom, que se convirtió en un bestseller utilizado en el Colegio de Ciencias y Humanidades de la UNAM.
Por su parte, Siglo XXI, tal vez la editorial a la que más estudios se le han dedicado, entre las obras de orientación socialista que son insignia está la edición de El capital y los Grundrisse, textos de marxistas ingleses como Perry Anderson y Maurice Dobb, obras de Louis Althusser y Marta Harnecker. Pero Siglo XXI también acogió a autores que no formaban parte de la tradición socialista, como los filósofos Michel Foucault y Roland Barthes, para abrirse a otras expresiones del llamado pensamiento crítico.
Otro rasgo común a Siglo XXI, Era, Grijalbo y Nuestro Tiempo es que nacieron con la cualidad de ser editoriales comerciales. La dualidad de publicar textos con determinada impronta de izquierda y mantenerse como negocios rentables para ser independientes del Estado y de los grandes monopolios se resolvió favorablemente durante los años 60 y 70 gracias a la gran cantidad de lectores con los que construyeron una simbiosis; así, se lograban producir múltiples reediciones de algunas obras y los lectores estaban atentos a las novedades editoriales y traducciones con las que nutrían su formación política y daban seguimiento al desenvolvimiento de los hechos del momento, fuera en Cuba, Vietnam, China, la URSS y el mismo México.
De forma paralela a las editoriales comerciales de izquierda, existieron editoriales caracterizadas por su carácter militante antes que comercial, y aunque éstas no despreciaban los ingresos que podía generar la producción editorial, también estaban en disposición de publicar libros que implicaran ganancias económicas reducidas o casi nulas cuando la publicación de documentos de congresos, conferencias o resoluciones era un deber político, o publicar un libro como gesto de internacionalismo proletario. Este tipo de editoriales concebían a los libros como extensión de la labor de prensa militante y buscaba fomentar la unidad ideológica del colectivo partidario, por lo que en ocasiones los lectores eran casi exclusivamente miembros de la organización.
Ejemplo de esto fue la editorial Fondo de Cultura Popular (FCP) del Partido Comunista Mexicano, que comenzó sus labores en 1941 y publicó sus últimos títulos en 1971, cuando cambió de nombre a Ediciones de Cultura Popular (ECP). No obstante, otros partidos, grupos y corrientes de distintas orientaciones, como maoístas y trotskistas, también crearon sus propias editoriales. Las fuerzas políticas que sostienen a las editoriales militantes, aunque pueden parecer marginales y su labor editorial reducida, no deben ser despreciadas. Basta recordar que en 1894 Lenin se llenó las manos de tinta cuando imprimió en hectógrafo su libro Quiénes son los amigos del pueblo (1894), pero 23 años después encabezó la Revolución Socialista de Octubre.
*Historiador de la ENAH
Correo: angelch.mancilla@gmail.com

