Antecedentes de la evaluación educativa en México

por Manuel Martínez Morales.

Los primeros intentos por realizar evaluaciones educativas en México, en forma sistemática y con fundamentos metodológicos firmes, se dieron en la década de los 70. Años antes de la creación del CENEVAL y del surgimiento de la evaluacionitis, o fiebre patológica que confunde y reduce la evaluación educativa a la simple aplicación de exámenes, reducidos éstos a su mínima calidad: las pruebas de opción múltiple.

Desde 1973 la Subsecretaría de Planeación Educativa, de la Secretaría de Educación Pública, institucionalizó el desarrollo de estudios de evaluación en la educación primaria con la finalidad de proporcionar información útil que contribuyera a la toma de decisiones respecto a las acciones educativas sectoriales.

Xalapa, Ver.- La secretaria de educación, Xóchitl Adela Osorio a temprana hora realizó un recorrido por los puntos de accesos al Complejo Omega para supervisar que se realizará en completo orden la evaluación de docentes. FOTO: PATTY BARRADAS/FOTOVER.
Xalapa, Ver.- La secretaria de educación, Xóchitl Adela Osorio a temprana hora realizó un recorrido por los puntos de accesos al Complejo Omega para supervisar que se realizará en completo orden la evaluación de docentes.
FOTO: PATTY BARRADAS/FOTOVER.
Y para atender las funciones inherentes a la evaluación, se creo una entidad que en principio se ubicó dentro de la estructura orgánica de la Dirección de Planeación de la mencionada Subsecretaría; después, en 1978, se constituyó la Dirección General de Acreditación y Certificación que luego pasó a ser la Dirección General de Evaluación.

Los estudios realizados en educación primaria, de 1973 a 1975, tuvieron el propósito de evaluar la aptitud verbal y numérica de los estudiantes que terminaron el 6º grado en escuelas públicas y particulares controladas administrativamente por la SEP, ubicadas en el Distrito Federal y su área metropolitana.

En 1977 se ampliaron los objetivos de la evaluación. Además de la aptitud general, se evaluó el aprovechamiento escolar en cuatro de las áreas de los programas de estudio: Español, Matemáticas, Ciencias Naturales y Ciencias Sociales. La cobertura fue nacional.

En abril de 1978 las direcciones generales de Acreditación y Certificación, de Educación Primaria en los Estados y de Educación en el DF, establecieron la “Comisión coordinadora para la evaluación del aprovechamiento escolar en el sistema de educación primaria”.

Esta Comisión Coordinadora definió las especificaciones del estudio realizado en 1978. Su objetivo fue evaluar el aprovechamiento escolar de los alumnos de 4º grado de educación primaria respecto a los objetivos de aprendizaje establecidos en los programas de estudio vigentes. La evaluación se realizó en el curso escolar 1978-79 cuando los alumnos iniciaban el 5º grado.

La Comisión Coordinadora detectó la necesidad de completar la descripción de los niveles de aprovechamiento escolar logrado por los alumnos, con información explicativa del comportamiento de esas variables. Para ello la Dirección de Acreditación y Certificación (actualmente Dirección General de Evaluación), propuso dar continuidad a la evaluación efectuada al inicio del curso escolar 1978-1979, con la realización de un estudio al término de ese mismo curso escolar, en las mismas escuelas y con la inclusión de los alumnos de 4º y 5º grados de educación primaria.

El proyecto planteó centrar su interés en el aprovechamiento escolar por su importancia como indicador de la formación del educando y como variable dependiente de la interacción que se efectúa entre maestros, alumnos y materiales curriculares dentro de los diferentes contextos socioeconómicos.

Es importante resaltar que el proyecto de evaluación era abordado desde la perspectiva de la investigación científica, basado en un sólido marco teórico, así como en un diseño, metodología e instrumentos de medición adecuados a los objetivos que se pretendía alcanzar, elementos ausentes en las evaluaciones propuestas en la actual pseudo reforma educativa.

Se partía de la formulación de hipótesis y preguntas de investigación que orientaban el proyecto, entre otras: ¿En qué medida se logran los objetivos de aprendizaje establecidos para 4º y 5º grados de la educación primaria? ¿La evaluación diagnóstica contribuye a obtener mejores niveles de aprovechamiento escolar al final del curso? ¿Existen asociaciones significativas entre el aprovechamiento escolar y las características socioeconómicas de los alumnos, su estado nutricional, las características de los profesores y el acceso a medios de información por parte de los alumnos? ¿En que medida contribuyen esas variables a la explicación del aprovechamiento escolar de los alumnos?

La finalidad última de la evaluación consistía en conocer y explicar el aprovechamiento escolar de los alumnos para disponer de elementos de juicio útiles a los diseñadores de currículo y para la definición de políticas de apoyo y supervisión de los distintos tipos de escuelas primarias en el país.

Resumo apretadamente los resultados más significativos de aquella evaluación: los niveles de aprovechamiento escolar son más altos en las escuelas urbanas que en las rurales, y en las de turno matutino que en las vespertinas y de turno discontinuo; el nivel socioeconómico y el estado nutricional de los alumnos son las variables independientes que muestran mayor asociación significativa con el aprovechamiento escolar, siguiéndole en importancia las variables representando el nivel socioeconómico del profesor y su experiencia docente, así como la lectura de periódicos por parte de los estudiantes, a su vez correlacionada con la lectura de libros que no son los de texto.

Tengo la impresión que no tuvieron una continuidad apropiada pues años después se crearon dos entidades “evaluadoras”: el Centro Nacional de Evaluación (CENEVAL) y el Instituto Nacional de Evaluación Educativa (INEE), que más bien pervirtieron el sentido de la evaluación, pues su actividad principal se reduce a la fabricación de exámenes de opción múltiple cuya calidad técnica ni siquiera está garantizada, reduciendo la evaluación a una simple clasificación de estudiantes y maestros basada en el número de aciertos en una prueba de opción múltiple, generalmente con fines de exclusión (tú no puedes ingresar a la universidad, caso de los alumnos; tú no tienes derecho a una plaza, caso de los maestros).

La evaluación debe ser un proceso continuo y permanente que enfoque el proceso educativo en su carácter multidimensional, y que sea fundamento para revisar las políticas educativas, hacer los ajustes necesarios y así alcanzar niveles más altos de calidad educativa. Existen las bases y recursos para ello.

Reflexionar para comprender lo que se ve y lo que no se ve.