Kant: Sapere Aude, atrévete a pensar

​Por Juan Fernando Romero Cervantes Fuentes

La pedagogía del diálogo entre ciencia y humanismo

A mis maestras y maestros de El Colegio de Veracruz

y del Centro Regional de Educación Superior Paulo Freire.

La mitología griega es una fuente de sabiduría permanente que el paso de los años no oscurece y cuya reflexión siempre sorprende. Las figuras griegas que iluminan al interior de El Colegio de Veracruz no pueden pasar de moda, pues su sabiduría y cultura clásica permanecen vigentes y configuran, hipotéticamente, a las alumnas y los alumnos que transitan por su interior.

Es a ellos a quienes debemos acercar esas raíces del conocimiento. Nuestra sociedad colegial debe nutrir aquella humanidad proyectada por el pensamiento de los tres maestros que han dialogado entre sí a lo largo de los siglos. La fuerza de la ironía de Sócrates, quizá el mayor de ellos, con su mayéutica que da a luz a la sabiduría al reconocer que sólo sabe que no sabe nada.

Platón advierte la semioscuridad del mundo: aprehendemos sólo sombras del conocimiento, vivimos en una realidad virtual que será ordenada y clasificada por la sabiduría protocientífica de su discípulo Aristóteles. Cada uno se atreve a pensar y rompe con la metodología de la sabiduría instaurada, que enseña pero también limita al encerrarse en patrones.

La realidad se rompe mediante el asombro, que no puede reglamentarse ni sujetarse a la rutina de una inteligencia artificial que sólo repite reglas. Es una pedagogía que enseña, pero no se deslumbra ni se autocuestiona, incapaz de dirigir la curiosidad cuando intenta hacerlo con procedimientos preestablecidos.

Esto puede verse a diario con los estudiantes, quienes siempre pueden enseñar algo, si los maestros prestamos atención y no nos asumimos como dueños del conocimiento. Hacer uso de la mayéutica, del arte de preguntar, y del pensamiento crítico es esencial, como el hilo conductor del mito del laberinto de Ariadna y Teseo.

Se trata de la evolución del conocimiento, de la filosofía empirista de John Locke, que establece las bases del pensamiento científico a partir del pensamiento inductivo, la epistemología y la filosofía política, como lo ilustra Umberto Eco en El nombre de la rosa.

No sólo hay recetas, sino curiosidad. Los límites de nuestro lenguaje establecen los límites de nuestro mundo, como lo afirmó Ludwig Wittgenstein, quien se atrevió a pensar por sí mismo para entender el mundo desde una filosofía del lenguaje que apenas comenzamos a comprender.

Nuestro actual código narrativo no piensa; está lleno de fórmulas que sustituyen al pensamiento y no permiten que nazca el pensamiento crítico. Las redes sociales y la convergencia digital fomentan una regularidad que nos conduce a pensar igual, olvidando la inteligencia humana que puede descubrir por sí misma, incluso a través del error.

La ciencia es hija del asombro. No se puede menospreciar esta fuente del conocimiento humanista, que nos enseña a profundizar y a compartir mediante el diálogo, no a encerrar la verdad en algoritmos. Vivir en sociedad implica compartir errores, corregirlos y hacerlo con humildad.

Este resultado filosófico se llama humanismo. Es responsabilidad de maestras y maestros enseñarlo no sólo como teoría, sino como práctica cotidiana, nutriendo el pensamiento y la sensibilidad social y comunitaria de las y los educandos.

Xalapa, Ver., 25 de enero de 2026.