Estado de ánimo

 

POR: Mtra. Irasel Negrete Ronzón

«La decisión más importante que tomas cada día

es estar de buen humor»

(Voltaire)

 

¿Qué tan feliz llegas a dar clases? ¿El estado de ánimo influye en la calidad de la enseñanza? La primera pregunta la debe responder cada uno haciendo una introspección, por otro lado, estudios afirman que un docente que llega feliz  y motivado a dar clases tiene un mayor impacto en sus alumnos, logrando que estos asistan con mayor motivación, sean creativos y tengan un mejor rendimiento académico.

Si bien es cierto que nuestras actitudes dependen de nuestra personalidad, cada uno puede proponerse llegar al aula con una actitud alegre, accesible, divertida y amable logrando una mejor identificación  con los estudiantes en donde bajen sus niveles de estrés y ansiedad y elevando el disfrute por el aprendizaje, es decir que un profesor emocionalmente saludable puede generar un entorno de aula positivo, que promueva la motivación, el compromiso y la participación activa de los estudiantes.

Hay tres factores que inciden directamente en el bienestar del docente que son la satisfacción laboral que es el grado de bienestar, placer o conformidad que una persona experimenta respecto a su trabajo, la gestión del estrés entendida como la manera en la que el cerebro y el cuerpo se activan para responder ante un peligro o una amenaza y cuando hemos de enfrentar algún desafío y el manejo de sus habilidades emocionales referidas a la capacidad de reconocer, comprender, aceptar y regular las emociones propias y ajenas de manera constructiva, especialmente en situaciones de estrés. Cuando los maestros se sienten valorados y reconocidos, aunado a que se encuentran balanceados en sus emociones, el proceso de enseñanza-aprendizaje se vuelve más efectivo, inclusivo y sobre todo, sostenible a largo plazo.

Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Delaware y la Universidad de Boston publicado en Contemporary Educational Psychology, reveló que las emociones negativas de los profesores pueden afectar negativamente el disfrute y el compromiso de los alumnos con las materias, el fenómeno, conocido como «contagio emocional», muestra que los estudiantes no solo absorben conocimientos en el aula, sino que también reflejan el estado emocional de sus profesores. Por su parte, F. González Rey afirma que «La personalidad positiva del docente es clave en el proceso de enseñanza-aprendizaje, ya que es el principal elemento que está en contacto directo con los alumnos, provocando así una reacción u otra en ellos».

Para concluir, la falta de bienestar emocional en los docentes, puede tener como consecuencias el agotamiento profesional (burnout) y la disminución en la calidad de la enseñanza, lo que repercute en el rendimiento de los alumnos y la calidad educativa  de la escuela en general; para mejorar esto se recomienda la práctica del mindfulness y ejercicios de respiración consciente así como darle prioridad a descansos breves para caminar y despejarse, mantener interacciones positivas con colegas, organizar tanto el espacio como  las tareas, establecer límites claros entre la jornada laboral y el tiempo personal. No podemos dejar de lado lo importante que es  cuidar el bienestar físico manteniendo una buena alimentación, hidratación y asegurándose dormir lo suficiente. Algo de lo que últimamente se habla mucho y que he comprobado es que una actitud de gratitud eleva la energía y  reduce el estrés, por último, agregar una sonrisa brinda un panorama diferente a nuestros días y manda una señal positiva a nuestro cerebro haciendo que todo a nuestro alrededor mejore.