Seleccionados mexicanos vuelven a su hogar entre porras y el cariño de la afición
La imagen de México después del Mundial se refleja hoy en escenas cotizadas que nada tienen que ver con el futbol: serenatas a pie de calle con música de mariachi, pasajeros arremolinados en terminales aéreas buscando una foto, ovaciones espontáneas a bordo de vuelos comerciales. La presencia de Jesús Gallardo, Luis Romo y Julián Quiñones, jugadores llevaron a la selección hasta los octavos de final, retornaron a sus lugares de origen rodeados de múltiples muestras de reconocimiento colectivo.
Un grupo de vecinos y amigos del tabasqueño Gallardo, quien jugó la mayoría de partidos de la Copa como titular, se dio cita a las puertas de su residencia con un mariachi. El jugador salió a saludar a la comunidad y dedicó varios minutos a firmar camisetas y postales, además de retratarse con personas de todas las edades. “Qué jugador, Gallardo, eres un orgullo para nosotros”, se escuchó en los videos que rápidamente se volvieron virales en redes sociales.
A cientos de kilómetros de ahí, decenas de pasajeros coincidieron en la sala de espera del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México con Luis Romo, el mediocampista del Guadalajara que marcó un gol ante Corea del Sur. Ataviado con gorra y mochila al hombro, el sinaloense accedió a tomarse fotografías y recibió felicitaciones de quienes lo reconocieron antes de abordar su vuelo a la Perla Tapatía, donde en los próximos días se reportará con su club para el inicio del siguiente torneo de la Liga Mx.
Horas más tarde, previo al despegue de un vuelo comercial, decenas de usuarios vitorearon a Julián Quiñones, quien se consolidó como el goleador histórico del equipo mexicano en la cita mundialista con cuatro anotaciones (los mismos que Javier Hernández y Luis Hernández). El delantero, de 29 años, saludó a sus compañeros de asiento, agradeció las porras, los aplausos y abandonó la capital del país convertido en un auténtico héroe a pesar de la eliminación contra Inglaterra.

