El balón en solitario
POR: Héctor Magaña
Uno de los mejores libros de crónicas sobre el fútbol fue escrito por Juan Villoro: Dios es redondo. En ese libro, Villoro despliega su pluma magistral para seducir a sus lectores con el atractivo de este deporte. Ahora, en el año 2026, no puedo evitar sentir que el Mundial, el evento deportivo más esperado después de las Olimpiadas, está en medio de un campo de fuerzas políticas como nunca se había visto antes. Es decir, finalmente las tensiones políticas han alcanzado un punto que se creía neutro: el deportivo.
En México, las protestas de los profesores, de las Madres Buscadoras y la sombra de la violencia de los narcotraficantes menguan la emoción de los espectadores. Por otra parte, en Estados Unidos están las redadas de ICE, la sombra de la guerra entre EUA e Irán, los conflictos en Oriente Medio, el racismo y el control de pasaportes y visas, sin mencionar los estragos de la inflación, el déficit comercial, las guerras arancelarias y la fractura de los acuerdos comerciales. ¿Cómo se verá reflejada esta tendencia a renunciar a la cooperación en un deporte que consiste precisamente en eso? ¿Cómo es posible que el evento deportivo que año con año ha sido uno de los más esperados haya transitado entre un gris pesimismo global? ¿Es realmente el deporte un síntoma o se puede ver como una posible solución?
La presencia de Irán ha menguado entre la incertidumbre y la expectación; la amistad entre el director de la FIFA y Donald Trump no ha hecho más que aumentar las sospechas sobre la falta de ética a partir de que se le concedió al mandatario el Premio de la Paz de la FIFA. La “forma laica de ejercer la religiosidad”, como describía Juan Villoro al deporte, está ahora más que nunca secuestrada por la tensión de 2026. La pregunta ahora no es “¿Quién ganará?” sino: “¿Terminará todo el Mundial sin contratiempos?” El balón parece estar solo en la cancha, pero queda por ver si sus jugadores podrán llegar y evitar una deportación o la cancelación de su visa…

