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«Un balón en la cabeza»: Suplemento especial de ‘La Jornada’

EMPIEZA EL MUNDIAL. El tercero que se realiza en México y eso le da un aura inédita. Si nuestro país fue el primero en recibir dos veces la máxima competencia del futbol, ahora posee la marca de ser el único anfitrión por tercera vez. Una responsabilidad con matices; esta Copa del Mundo se realiza junto con Estados Unidos y Canadá, la más grande que se ha organizado en la historia, con 48 selecciones y 104 partidos.

De esa abundante programación, la FIFA, hoy dueña absoluta del torneo, decidió que nos corresponden sólo 13 duelos, incluida la inauguración en el estadio Azteca renombrado para esta edición estadio Ciudad de México. La mayoría se jugarán en territorio estadunidense. Ellos pelearon la sede y después de una investigación del Departamento de Justicia de aquel país, se destapó la trama de corrupción para otorgar Rusia 2018 y Qatar 2022, que derivó en el escándalo del FIFAgate y derribó al entonces presidente del organismo de futbol, Joseph Blatter. Hicieron el trabajo y recibieron la sede, y sólo tuvieron la cortesía de invitar a sus vecinos. De modo que en México empezará la fiesta, pero la parte más divertida ocurrirá al otro lado de la frontera; además de la fase inicial, en nuestro país sólo se jugarán tres partidos de dieciseisavos y uno
de octavos; una vez que se llegue a la ronda de los mejores ocho equipos, todo ocurrirá en Estados Unidos. Este Mundial, además, se desarrolla en medio de un clima extraño. Uno de los anfitriones está en guerra contra uno de los invitados; el gobierno de Donald Trump bombardea Irán, cuya selección debe internarse en territorio enemigo para cumplir con sus compromisos deportivos. Ese mandatario recibió un inexplicable premio por la paz que le inventó la FIFA.

En cuanto a la celebración del torneo, no deja de estar bajo crítica constante. Los precios exorbitantes de las entradas lo hacen también el
más caro de la historia y eso demuestra que el futbol es cada vez menos un acontecimiento popular; se ha convertido en uno de los productos comer- ciales más rentables y en un eficaz instrumento político. El Mundial cada vez trata menos de futbol.

Aun así, como ocurre cada cuatro años, casi todo en la vida pública de muchos países girará en torno a un acontecimiento cuyo centro de atención es una pelota. Por eso La Jornada ofrece una mirada transversal a esta fiesta de las patadas. Un balón en la cabeza alude al lugar en el que este deporte se instala en nuestras vidas durante más de un mes.

El recorrido va de la crónica de la decepción del futbol mexicano en los mundiales, que nos hacen darle vueltas a un partido que nunca ocurrió salvo en nuestra imaginación, a la reflexión sobre la escasa cuota goleadora de nuestro balompié. Ángel Cappa, un ex jugador y ex entrenador internacional, pedagogo y filósofo, disecciona el cuerpo en descomposición de una actividad que Eduardo Galeano llamó “una fiesta de los ojos”. A propósito, hemos recuperado una de las abundantes colaboraciones que entregó el inolvidable escritor uruguayo a La Jornada, su belleza se mantiene intacta y su feroz crítica a la FIFA sigue vigente. Hermann Bellinghausen relata el origen de una pasión, un retrato panorámico que hace zoom hasta entregarnos el retrato del futbolista cachorro. Desde España, Pablo Dellano expone la irrupción de un joven que rompe las fronteras del estereotipo del jugador, un español catalán, musulmán y politizado. Y como el Mundial se construye por fragmentos de memoria, cada uno hace su propio álbum imaginario a lo largo de su vida, Julio Villanueva Chang nos da clases de anatomía futbolera y nos recuerda que el balompié también se juega con la cabeza y las manos de ciertos genios. Y como una celebración lúdica, un breve ensayo sobre esos espontáneos perros que invaden las canchas de futbol para recordarnos que el núcleo de este deporte es el juego por el juego, sin otra ambición que divertirse. Al final, una serie de imágenes que cumplen 40 años y aún están en las paredes del Salón Corona del Centro Histórico en Ciudad de México; una secuencia que capturó el instante de la desilusión cuando nuestra máxima estrella falló un penalti decisivo; una metáfora de la esperanza que estalla ante nuestra mirada, pero que al paso del tiempo volverá intacta.