Forma vs contenido
POR: Mtra. Irasel Negrete Ronzón
«La enseñanza de calidad no es la que llena cabezas de datos,
sino la que enciende fuegos de curiosidad.»-
Nelson Mandela
Vivimos en una época donde la educación aparentemente luce bien con aulas llenas de actividades, exposiciones, proyectos creativos, participación en concursos y programas académicos que se esperan cumplir en tiempo y forma, visto desde lejos parecería que el proceso educativo avanza como debería, empero, vale la pena detenernos y hacernos una pregunta necesaria: ¿todo lo que se ve, realmente se traduce en aprendizaje?.
Hoy, gran parte de la práctica educativa parece enfocarse en la forma: en cómo se presenta el contenido, cómo se organiza la clase, cómo se evidencia el trabajo, se priorizan productos visibles (presentaciones, proyectos, participaciones) que, si bien tienen valor, no siempre garantizan lo más importante: que el estudiante comprenda, cuestione, relacione y haga suyo el conocimiento, he visto y he tenido alumnos que exponen con soltura, pero con poca claridad sobre lo que dicen (pues sólo están memorizando); presentan trabajos visualmente atractivos que carecen de profundidad; actividades que aparentemente cumplen con los requisitos (o con la mayoría de ellos), pero que no generan un aprendizaje duradero. En este contexto, la forma ha comenzado a ocupar un lugar central, mientras que el contenido, entendido como el fondo del aprendizaje, corre el riesgo de quedar en segundo plano, sin embargo, no se trata de eliminar la forma, sino de devolverle su lugar: el de ser un medio mas no el fin.
Si queremos avanzar hacia una educación más significativa, es necesario hacer pequeños pero importantes ajustes en la práctica docente como son priorizar la profundidad sobre la cantidad, aceptando que no todo puede abordarse con el mismo nivel de detalle, pero sí buscando que aquello que se enseñe, se comprenda verdaderamente, esta idea también se podría entender como menos temas, pero mejor trabajados, pienso que algo vital es abrir espacio al pensamiento, puesto que más allá de explicar, es necesario preguntar, invitar al alumno a reflexionar, a expresar con sus propias palabras, a construir sentido y es que en ocasiones se toma como participativo al alumno que más habla cuando la participación no debería medirse por cuánto se habla, sino por la calidad de lo que se comprende.
De igual manera, conviene replantear la forma en que se evalúa. No basta con revisar productos terminados; es necesario mirar el proceso, escuchar las ideas, comprender cómo el alumno llegó a sus conclusiones, es decir, evaluar la comprensión, no solo la presentación y es que en ocasiones nos deslumbramos por la creatividad del alumno y no prestamos atención a lo verdaderamente importante para conocer qué es lo que propone y ha construido en su mente.
Otro aspecto clave para una enseñanza con contenido es conectar el aprendizaje con la realidad porque cuando el contenido tiene sentido en la vida cotidiana, deja de ser un requisito escolar y se convierte en una herramienta, guiarlos a preguntarse para qué les sirve lo que aprenden fortalece la enseñanza.
Últimamente me he puesto a reflexionar en lo valioso que es el proceso de cada alumno y es que el aprendizaje requiere tiempo, a veces queremos ver resultados de inmediato o tener evidencias visibles de todos los estudiantes al mismo tiempo y a veces olvidamos que aprender implica detenerse, pensar, equivocarse y volver a intentar.
Para concluir, creo que un gran reto en la educación es no es hacer más, sino hacer mejor, diseñar actividades con intención, objetivos y propósitos claros, en donde el contenido sea el centro y la forma acompañe y no distraiga, vi una frase que me gustó que dice que “no todo lo que se ve bien educa bien y no todo lo que transforma es evidente al instante” y creo que tenerla presente nos puede apoyar a enfocar nuestra docencia en buscar la permanencia del conocimiento sin dejar de lado el disfrute por aprender.

