Educación pública: el gobierno pone el spot, usted pone el dinero
POR: Héctor Tecalco.
Reporteros de las Altas Montañas.
Este día, la titular de la Secretaría de Educación de Veracruz (SEV), Claudia Tello, recordó públicamente que las cuotas de inscripción “no son obligatorias” y pidió a los maestros no condicionar el acceso a la educación por dinero. Además, exhortó a los padres de familia a denunciar si son presionados para pagar.
El mensaje, que suena muy bien en los spots gubernamentales, no cayó igual entre los docentes. En las escuelas, muchos se preguntan: si no son los padres, ¿quién cubrirá el mantenimiento, reparaciones y materiales que el gobierno nunca envía a tiempo… o simplemente no envía?
Mientras la SEV asegura que la educación es “gratuita”, la realidad es que los planteles sobreviven gracias a las aportaciones voluntarias —o mejor dicho, indispensables— de padres y maestros. Y aunque en Coatepec la delegación encabezada por la maestra Silvia Ojeda atenderá quejas en horario de 9 a.m. a 3 p.m. en vacaciones (y de 9 a.m. a 9 p.m. en periodo regular, en Colón No. 7, zona centro), muchos dudan que esas denuncias resuelvan el verdadero problema: el abandono estructural.
Ocho verdades incómodas de las escuelas públicas en Veracruz
1. El gobierno sólo paga sueldos. Maestros, directores y a veces intendentes. Jardineros, plomeros, electricistas o carpinteros… que los paguen la escuela o los papás.
2. Libros incompletos. Los paquetes gratuitos rara vez llegan completos y, cuando faltan, la reposición tarda meses.
3. Transporte a cargo del plantel. Hay que mandar camioneta y personal por los libros, pagar gasolina y descargar, porque el gobierno no cubre esos gastos.
4. Boletas y certificados: por cuenta propia. Desde hace años la SEP no los repone; cada escuela imprime, compra sellos y hasta paga el papel.
5. Tecnología y servicios: autogestión. Internet, impresoras, reparaciones, pintura y limpieza se financian con cuotas o el bolsillo de los docentes.
6. Programas de mejora: privilegio de pocos. Y cuando llegan, imponen proveedores y gastos que poco benefician.
7. Ambientes de aula: mérito de los maestros. El decorado, material didáctico y tiempo extra clase no lo paga la federación.
8. Publicidad engañosa. Mientras en medios oficiales dicen “no pagues cuotas”, en la práctica el gobierno no pone un peso extra para que eso sea posible.
En resumen, el discurso de “educación gratuita” se estrella contra la realidad: escuelas que, para funcionar, dependen del financiamiento silencioso de padres y maestros. Y si no hay aportaciones, no hay pintura, no hay focos… y a veces, ni baños dignos.


