Ixtlahuaca, Teziutlán, fragmento de mi historia

POR: Flor de María Lorenzo Carrillo

Un viaje de domingo no convencional; lo divertido de aventurarme a algo desconocido, pero con un valor sentimental importante el conocer un mundo desconocido, lleno de amor con el cual recibieron a mi familia y a mi.

Después de 30 años por primera vez mi padre, Felipe, se reencontró con su familia, con su tierra con él dice; aquellos que anhelaban su regreso, ese pequeño pedacito de tierra que lo vio crecer y también partir. La espera por ese momento se volvió realidad; jamás creían que llegaría ese instante. El domingo 10 de agosto de 2025 se convirtió en el día especial, lleno de significados.

Un pueblo enorme es una experiencia maravillosa: Teziutlán, pueblo mágico, hoy en día, un lugar donde la diversidad entre sus platillos tradicionales; el aroma a pan y dulces que invadieron mi nariz fue delicioso; su clima que me recibió acogedor el estar ahí y me hizo sentir en casa, como si yo perteneciera a ella. Un lugar lleno de belleza con sus callecitas que las personas acostumbran llamar barrios, el mercado que se pinta de color y sabor para sorprenderme con todo lo que me rodea, teniendo siempre presente su icónico toque tradicional. Hermosa como solo ella, la iglesia del centro; el sol y la luna le hacen justicia a su belleza, despertando día y noche de forma inolvidable.

Las lágrimas de mi tía-abuela, un recuerdo nostálgico. La voz quebrantada de mi padre, un hombre serio y poco expresivo; sin embargo, al estar frente a ella, con la mirada pedía un poco de perdón por haber partido y volver ahora con su tía, una mujer mayor; ese abrazo que ella le dió parecía durar años y su expresión era llevada por las emociones. Le dijo «Hijo, no pensé vivir para llegar a verte nuevamente, y hoy me das el mejor regalo»; mi padre se mostró emocionado y disimuladamente se limpio una lágrima

La cosecha de recuerdos y de nuez al estar en casa de mi papá nos enseñó cómo se dan las frutas que cosechan nuestra gente, y me resultó sorprendente ver cómo se recolectan las manzanas, peras, duraznos, higos y nueces.

Con mi familia recolectamos nueces; me explicaron que lo divertido de recolectar es cuando se sacude el árbol, y al más despistado le caen en la cabeza

La promesa y un abrazo de recuerdo el final de nuestro día llegó, disfrutamos de la feria local, conocí su Museo del Ferrocarril y nuevamente volvimos a casa de mi padre en dónde entre melancolía y miradas tristes nos despedimos. Antes de marchar mi tia-abuela le pidió a mi padre que no los olvidar, que su cumpleaños será dentro de unos meces y que estabamos más que invitados porque haría una fiesta no solo para festejar su cumpleaños, sino para invitar a todos los que son cercanos a ella y presentarles a su sobrino, su hijo, «mi niño» dice ella, quien no la olvidó. 

Foto de mi padre Felipe Lorenzo Hernández y Satunina Lorenzo Vasquez ( la tía-abuela).