Nombres de generaciones de la Benemérita y Centenaria Escuela Normal Veracruzana ‘Enrique C. Rébsamen’
Desde 1931, las generaciones de estudiantes normalistas adoptaron una tradición que ha sobrevivido al paso del tiempo y que hoy forma parte esencial de la identidad de nuestra querida Escuela Normal: otorgar un nombre a cada generación para distinguirla y, al mismo tiempo, unirla para siempre.
A lo largo de casi un siglo, 94 generaciones han llevado con orgullo un nombre que las identifica. No se trata únicamente de una denominación simbólica; es un legado compartido, una herencia afectiva y un vínculo que trasciende las aulas, la graduación y el tiempo mismo. Cada nombre guarda historias, amistades, sueños, esfuerzos y recuerdos que permanecen vivos en la memoria de quienes tuvieron el privilegio de formarse en esta institución.
Por ello, cuando dos normalistas se encuentran, aun después de muchos años, es habitual escuchar una pregunta sencilla pero cargada de significado: «¿De qué generación eres?». Quien desconoce nuestra tradición puede sorprenderse con las respuestas. Sin embargo, entre normalistas, esas palabras despiertan inmediatamente
un sentimiento de fraternidad:
«Soy Sapo», «Soy Tegogolo», «Soy Koala», «Soy Tlaconete», «Soy Zopilote».
Y en cada una de esas respuestas habita una historia, una generación y un profundo sentido de identidad.
Hoy, la generación 2026-2030 recibe el honor de llevar el nombre de Luciérnagas. Quizá en este momento aún resulte difícil comprender la trascendencia de este acontecimiento.
Sin embargo, llegará el día en que descubrirán que este nombre se ha convertido en una parte inseparable de quienes son y de la historia que habrán construido juntos.
Porque los años pasarán. Transcurrirán diez, veinte, treinta, cuarenta o quiza cincuenta años desde su egreso. Cambiarán las circunstancias de la vida, surgirán nuevos caminos y nuevas responsabilidades. Pero habrá algo que permanecerá intacto: el orgullo de haber pertenecido a esta generación.
Y cuando vuelvan a reunirse, cuando la memoria los conduzca nuevamente a estos patios, a estas aulas y a estos afectos que hoy comienzan a construir, bastará una sola palabra para que renazca el sentimiento de pertenencia que los une.
Entonces, con la emoción de los recuerdos compartidos y con el orgullo de ser normalistas, levantarán la voz y proclamarán para siempre:
¡Somos Luciernagas!
(Fuente: Boletín de la Normal Veracruzana).


