Brasil: una elección para todo el continente
América Latina está en asedio. El convulso 2026 que se abrió con el secuestro de Nicolás Maduro el 3 de enero y que ha estado marcado por el bloqueo a Cuba cerrará gestión con los resultados electorales de Brasil. No parece ser un tiempo impetuoso para las izquierdas. Los resultados de este domingo son cruciales no sólo para Brasil. Estos comicios que podrán resolverse esta semana o a fin de octubre en una hipotética segunda vuelta, serán el gran cierre del año para la geopolítica latinoamericana.
Luiz Inácio Lula da Silva es hoy el personaje más potente de la política izquierdista no sólo de Sudamérica si no que del continente pleno. Así lo ha demostrado en el despliegue de su campaña con miras a un cuarto mandato presidencial. Los medios de comunicación y las redes sociales no han dejado de hablar de lo que puede suceder en Brasil.
Aunque Brasil, de alguna manera, ha sido una isla en el continente por la barrera del idioma, la resonancia de la batalla electoral que hoy allá se está dando ha rebasado límites anteriores. Lula, con el apoyo de personajes de alta talla como Caetano Veloso y Chico Buarque, ha conquistado un sitial de referencia izquierdista y progresista mayor que el de cualquier líder político de su ámbito.
Pero Lula no ha querido quedarse sólo en el nicho del arte poético y de culto: el icónico Bad Bunny, que rompió titulares luego de su presentación politizada en el Supertazón le cedió los derechos de uno de sus temas más virales para la recta final de su campaña. Parafraseando el espot, Lula no quiere que a Brasil le pase lo que a Hawái.
Sin embargo, hasta ahora las encuestas dicen que no es suficiente. Lula necesita 50 por ciento más uno de los votos para coronarse en primera vuelta. Aunque lidera la intención de voto en todos los estudios, tiene pisándole los talones a Flávio, el caprichoso y poco carismático hijo del ex presidente ultraderechista y evangélico Jair Bolsonaro.
La definición en primera vuelta está en manos de un minúsculo porcentaje de indecisos y en el denominado voto útil –que es el que emite un voto por un candidato que no es su favorito, pero estratégicamente lo apoya para evitar que gane otro al que realmente rechaza–. En el mejor de los números que obtiene el Partido de los Trabajadores, según las encuestas, Lula es la primera fuerza con 46 por ciento. La tendencia en las encuestas es que Bolsonaro está 4 o 5 puntos porcentuales debajo.
Hasta ahora estamos ante una elección abierta. Lula y su campaña sostienen que pueden ganar en primera vuelta, pero que están listos ante un hipotético escenario de balotaje. El PT ha puesto toda la carne al asador. Lula en las recientes semanas ha jugado sus cartas para apelar a distintos sectores de la población entre quienes están los votantes que no tienen aun definido su voto.
Mencionemos algunas de las jugadas de últimos minutos de Lula. Determinó la prohibición de las bets, que son las apuestas deportivas online, medida que, según un estudio, está apoyada por al menos el 75 por ciento de la población. Prometió el acceso gratuito mediante el Seguro Universal de Salud a los inyectables para adelgazar, asumiendo que la obesidad adquirida se puede prevenir; pero, además, es un estímulo para las farmacéuticas brasileñas que producen el medicamento basado en semaglutida y liraglutida.
En otro orden de cosas, Lula se posicionó abiertamente en defensa de la Virgen de la Aparecida, hasta ahora oficialmente reconocida como Patrona del Brasil. Los Bolsonaro son evangélicos recalcitrantes y sus círculos religiosos y políticos más de una vez han pretendido desplazar de toda formalidad a la imagen de la Virgen de Aparecida. La semana pasada, éste ha sido un tema también electoral. Es de suponer que la población católica va a defender a su Patrona y Lula lo leyó: se lo ha visto cargando la imagen de la virgen y se ha declarado un defensor de su trono.
Quizás considere el PT que en esos recovecos está la clave para ganar en la primera vuelta. Las segundas vueltas son una moneda en el aire. En Argentina, Javier Milei, por ejemplo, perdió en primera vuelta contra el peronismo, pero se hizo del poder en el balotaje. Lula en las últimas elecciones, de hecho, le ganó sólo con 2 por ciento de los votos a Jair Bolsonaro, el padre de su actual rival electoral. De aquel margen salió el intento de golpe de Estado encabezado por los Bolsonaro, razón por la que el ex presidente ahora está preso, no pudo contender en estos comicios y tuvo que optar por su hijo como su suplente en carrera.
Las previsiones y las predicciones pueden aun ser muy arriesgadas en este momento. Lula representa la esperanza para los sectores populares del continente americano para romper el cerco de la derecha instrumentalizado desde el escudo de las Américas y el despacho oval de Washington, en el que actualmente se debate Latinoamérica. Sin duda, cuenta con las mayores posibilidades de obtener el triunfo; empero, no podemos descartar desde la derecha un accionar similar al de Colombia, Chile, Perú, Argentina, Honduras, Ecuador o Bolivia, para revertir la voluntad popular e imponer a su candidato, sin importar los medios a utilizar. El riesgo está latente.
* Analista política internacional
@valeqinaya
IG Valesilvaguzman

