El fin de la escuela pública
De los creadores de la culpa es de los maestros, llega otra producción para decir: ahora la culpa también es de la escuela. La fórmula tantas veces socorrida por la sociedad civil empresarial para intentar suplantar o anular las voces de la ciudadanía, vuelve al segundo acto con el filme “El fin de la escuela”, título apocalíptico, como suelen ser las tesis educativas sobre los sistemas públicos, enunciadas por los actores del empresariado, para anteponer sus postulados como única ruta hacia la salvación de ambientes de supuesta crisis profunda.
El creador, productor, voz narradora e hilo conductor de esta obra cinematográfica es Juan Alfonso Mejía, quien se presenta como activista de la educación, pero que en realidad viene de asumir la dirección, primero estatal en Sinaloa y luego nacional, de la organización derechista Mexicanos Primero; lo anterior hasta 2018, tiempo en el que ingresó por la puerta giratoria (de la que salen y entran del sector privado al estatal, o viceversa, las cúpulas económico políticas) a la titularidad de la Secretaría de Educación en el gobierno priista de Quirino Ordaz.
Para comprender mejor la película, es necesario rebobinar la cinta ¿Estamos hablando de la misma organización, que fue autora intelectual de la reforma de instrumentación punitiva y policiaca, cuyos graves errores y consecuencias provocaron la rebelión magisterial más grande del siglo XXI, en 2012? ¿Se trata de la fundación adherida y financiada, por Atlas Network, la red global de laboratorios de ideas que promueven el libre mercado, el libertarismo y las políticas conservadoras de la ultraderecha, que están llevando a situaciones catastróficas a países como Argentina? ¿Esta supuesta ONG, es la que fundó Claudio X Gonzáles, uno de los principales operadores del golpismo en México y quien ha llamado delincuentes a los maestros? No me gusta ser yo quien haga el spóiler, pero sobra decir que sí.
Juan Alfonso Mejía, el investigador altruista del caritativo Tecnológico de Monterrey, ha sido entusiasta defensor de aquella reforma que se impuso a sangre y fuego con el ex presidente Peña Nieto “Nosotros hablamos de un país más justo e incluyente cuando hablamos de educación, de la forma en que el derecho a aprender es el mecanismo por excelencia para edificarlo. La reforma de 2013 es sólo un paso en la transformación educativa que el país requiere y en la cual viene trabajando y deberá seguirlo haciendo, sin importar quién gobierne (El Heraldo, enero 2016)”.
Destaca entre los invitados a la docuficción, el sargento Nuño, una de las voces más autorizadas para hablar de lo que sea que le dicte su sapiencia, menos de educación, el cual fue llamado a escena para dar testimonio de que hay excepciones a esa escuela que no cumple con sus fines y que por tanto está llegando su fin. El proyecto del sargento, era un hito de esperanza; sin embargo, “no supo contar los beneficios sociales de que los maestros se evaluaran” sentenció frente a las cámaras Patricia Vázquez, sucesora de Mejía al frente de Mexicanos Primero. ¡Ese delirio de realismo mágico no lo podría haber llevado a las pantallas ni el mismo Rulfo!
La línea argumentativa es que el fin de la escuela no se cumple, porque no se aprende y no se está enseñando para la movilidad social; es decir, las desigualdades de oportunidades y diferenciales socio económicos no dependen de la realidad concreta ni de la distribución inequitativa de los beneficios en un sistema que responde al dominio de una clase parasitaria empresarial sobre otra clase trabajadora que produce la riqueza material.
En el mundo distópico donde asistimos al fin de la escuela, la educación es responsable de que no haya futuro para las niñeces. Léase bien esta parte del guion, imaginando una voz en off que da paz a nuestras vidas trasnochadas, luego de largos años intentando cambiar el mundo desde el lugar y los supuestos equivocados: “La finalidad de la escuela es aprender, cuando no se aprende te faltan oportunidades, cuando te faltan oportunidades tienes violencia y cuando tienes violencia se genera pobreza”. ¡Ups! ¡Lo habíamos entendido todo al revés!
Entre las voces de la ciudadanía corporativa, aparece la de Fernando Valenzuela Migoya, un apologista de la megamáquina educativa y tecnológica, quien opina que el sistema educativo se debe sujetar a los cánones de la sagrada PISA y otras evaluaciones estandarizadas. Pero la supuesta objetividad estadística y desinteresada de los empresarios, incorruptible, libre de subjetividades políticas e intereses económicos, es simplemente inexistente. Es Valenzuela, CEO de EdLatam Alliance, quien propone la vinculación de la escuela con las mercancías digitales de Meta, Google, Anthropic y otras plataformas de la IA que se han puesto al debate mundial porque están poniendo en riesgo la condición humana y la democracia, incluso en México ya se construye un marco regulatorio para que los dispositivos móviles que las portan no sean parte de las aulas.
El fin de la escuela que deberíamos colocar como preocupación central los verdaderos ciudadanos, las familias, maestros, estudiantes y gobiernos, es el de la escuela pública, acechada por organizaciones como Mexicanos Primero y adherentes tanto al libertarismo económico como a los neofascistas tecnofeudales.
*Doctor en pedagogía crítica

