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La infancia y adolescencia actual, según Bauman

POR: Gilberto Nieto Aguilar

El sociólogo Zygmunt Bauman describió la sociedad actual mediante el concepto de “modernidad líquida”, una realidad caracterizada por el cambio constante, la incertidumbre y la fragilidad de los vínculos humanos. A diferencia de épocas anteriores, en las que las instituciones, las normas y las relaciones parecían más estables, la sociedad contemporánea se encuentra marcada por la rapidez, el consumo inmediato y la permanente transformación. Estas ideas permiten comprender muchos de los comportamientos y desafíos que experimentan los niños y adolescentes de hoy, así como el papel fundamental que desempeñan los padres en su crianza.

Uno de los aspectos más visibles de la modernidad líquida es la necesidad de obtener satisfacción inmediata. Los niños y adolescentes crecen en un entorno donde la tecnología ofrece respuestas instantáneas: videos que comienzan al instante, redes sociales que proporcionan reconocimiento inmediato y aplicaciones que satisfacen deseos con solo pulsar una pantalla. Esta dinámica puede dificultar el desarrollo de la paciencia, la tolerancia a la frustración y la capacidad de esperar para alcanzar objetivos a largo plazo. Muchos jóvenes se acostumbran a recibir estímulos continuos y experimentan incomodidad cuando los resultados no llegan de forma rápida.

Asimismo, Bauman señaló que las relaciones humanas se han vuelto más frágiles y transitorias. En el caso de los adolescentes, esto puede observarse en la manera en que construyen sus amistades y vínculos afectivos. Las redes sociales permiten establecer contactos con facilidad, pero también facilitan la ruptura de esos lazos. La amistad puede quedar reducida a una interacción digital, mientras que la aceptación social parece depender del número de seguidores. Como consecuencia, muchos jóvenes viven pendientes de la opinión de los demás y no desarrollan la autocrítica ni la autodefinición.

Influencers, tendencias virales y modelos de éxito difundidos por internet aparecen y desaparecen continuamente. Esto puede generar inseguridad, ya que los jóvenes sienten la presión de reinventarse constantemente para mantenerse relevantes o aceptados dentro de su grupo social.

La lógica del consumo también influye profundamente en la infancia y la adolescencia. Bauman advertía que las personas no solo consumen productos, sino que llegan a percibirse a sí mismas como mercancías que deben resultar atractivas para los demás. Algunos jóvenes construyen su imagen personal como si fuera una marca que necesita promoción constante. La preocupación por la apariencia física, la popularidad y la exposición pública puede afectar la autoestima y favorecer sentimientos de ansiedad o insuficiencia cuando no se alcanzan los estándares que la sociedad presenta como deseables.

Frente a este escenario, el papel de los padres adquiere una importancia decisiva. En una sociedad caracterizada por la incertidumbre, la familia puede convertirse en un espacio de estabilidad emocional y de construcción de valores duraderos. Los padres tienen la responsabilidad de ofrecer seguridad emocional, establecer límites claros y ayudar a sus hijos a desarrollar un sentido crítico frente a los mensajes que reciben continuamente del entorno digital y de la cultura de consumo.

La crianza contemporánea enfrenta desafíos complejos. Muchos padres también viven inmersos en la misma lógica de velocidad y exigencia que afecta a sus hijos. Las largas jornadas laborales, el estrés y el uso constante de dispositivos tecnológicos pueden dificultar la comunicación familiar. Quizá la respuesta no consiste en controlar cada aspecto de la vida de los jóvenes, sino en fortalecer los vínculos humanos significativos. Escuchar, dialogar y acompañar emocionalmente a los hijos resulta muy importante. 

Además, los padres deben enseñar habilidades que permitan afrontar la incertidumbre. La resiliencia, la empatía, la responsabilidad y la capacidad de sostener compromisos son herramientas esenciales para desenvolverse en una sociedad cambiante. Estas competencias no se aprenden mediante discursos abstractos, sino a través del ejemplo cotidiano. Cuando los adultos muestran coherencia, respeto por los demás y capacidad para enfrentar dificultades, ofrecen a los jóvenes modelos sólidos sobre los cuales construir su propia identidad.

gnietoa@hotmail.com